Inteligencia artificial en el mundo
La inteligencia artificial dejó hace años de pertenecer a la ficción y ahora cobra cada vez más protagonismo en la agenda global. Son los datos de millones de usuarios los que alimentan a las máquinas pensantes y les permiten aprender. Este terremoto tecnológico tiene aplicaciones económicas, sociales y militares, y Vladímir Putin incluso asegura que será el arma definitiva. ¿Protagonizará la inteligencia artificial una nueva carrera armamentística?
Todo empezó cuando Alan Turing se preguntó en 1950 si las máquinas podían pensar. Las novelas de Isaac Asimov —creador de las famosas tres leyes de la robótica—, los mitos de la Grecia antigua y otras anécdotas de siglos pasados evidencian que esa misma pregunta lleva rondando la cabeza de científicos y del público general mucho más tiempo. Seis años más tarde del interrogante de Turing, en una escuela de verano de la Universidad de Dartmouth, en Estados Unidos, Marvin Minsky y sus colegas utilizaron por primera vez el término “inteligencia artificial” (IA). Este concepto tecnológico no se le es ajeno a ningún país desarrollado hoy día, ni su aplicación a las empresas más punteras.
La inteligencia artificial ha demostrado ser útil a la hora de predecir desastres naturales, hacer recomendaciones de productos en tiendas digitales, adelantar trabajo a los abogados, e incluso mejorar el proceso de diagnosis de enfermedades graves. Pero más allá de este brillante futuro, los investigadores ya han citado algunos problemas que manifiesta la inteligencia artificial y, en particular, sus algoritmos, las reglas que rigen a la máquina: desde algoritmos racistas o machistas, hasta la posibilidad de que las máquinas se descontrolen y supongan una amenaza existencial para el ser humano.
La utopía de tener un agente inteligente no orgánico obedeciendo órdenes también ha captado la atención de los Ministerios de Defensa en todo el mundo. En 2017, China hacía pública su estrategia para posicionarse a la cabeza en investigación de IA. Un año más tarde, Estados Unidos asignaba una partida de 2.000 millones de dólares al avance de esta tecnología. Países como Rusia, Japón, Reino Unido o España también se han sumado haciendo grandes contribuciones a este pulso global, lo cual ha creado una sensación generalizada de una nueva carrera armamentística que vuelve a pasar por universidades, empresas privadas y Gobiernos.
A finales de la presidencia de Barack Obama, en octubre de 2016, la Casa Blanca publicó un informe en el que subrayaba los riesgos y las oportunidades de la inteligencia artificial para la economía y la seguridad estadounidenses. Tras la elección de Donald Trump, la apuesta de la Casa Blanca por la inteligencia artificial pareció reducirse hasta que en febrero de 2019 se anunciaron una serie de medidas para mantener el liderazgo en IA de Estados Unidos. Pocos meses antes, el Pentágono inauguraba el programa AI Next con una inversión cercana a los 2.000 millones de dólares. Todo ello en el contexto de la guerra comercial con China, en la que las rivalidades tecnológicas juegan un papel fundamental.
