Internet obligó a la política, desde hace un tiempo, a modernizar su forma de llegarle a la sociedad. Las redes sociales, sin embargo, introdujeron conceptos que antes no existían. ¿Sabemos lo que es un trol? ¿O un bot? Deberíamos, porque podrían estar cambiando nuestra forma de pensar.

Cuando se presentó el polémico proyecto de extradición entre China y Hong Kong, en febrero del año pasado y retirado el pasado miércoles, nadie pudo predecir lo que iba a ocurrir. Pese a las advertencias de la dirigencia, los opositores del gobierno de Xi Jinping desataron una ola de violencia pocas veces vista en el territorio asiático. El cuadro podría quedarse ahí, como una alteración del orden público. Pero todo cambió cuando se conocieron denuncias de Twitter y Facebook sobre cerca de mil cuentas falsas administradas desde las altas esferas de la política china, para desacreditar a los líderes y los argumentos de las protestas.

¿El hecho sorprende? No, las lógicas del mundo moderno, en el que la división entre lo real y lo digital es abstracta y vaga, nos advierten que desde hace unos años la política —o cualquiera que tenga suficiente poder— es capaz de infiltrar ideas o posiciones ideológicas en las redes para moldear nuestras decisiones. Lo peor es que casos como estos florecen todo el tiempo y seguramente lo seguirán haciendo de aquí en adelante.

Últimamente palabras como bots o “troles” se han normalizado en la red y casi siempre aparecen cuando hay algún escándalo mediático o político o incluso un tiroteo. Por eso, entender su funcionamiento es clave para saber a qué nos enfrentamos cuando entramos a cualquier plataforma digital. Como abrebocas hay que entender que los primeros son utilizados para propagar información seleccionada previamente e imponer agenda, mientras que los segundos son agentes del caos que, además de desestabilizar los debates, logran un propósito mucho más profundo y oscuro: la autocensura a través del improperio o el ataque.

Los responsables del episodio se esconden detrás de Devumi, una empresa que se dedica a vender seguidores en Twitter y retuits a todo tipo de personalidades entre otros servicios de marketing. La investigación del periódico estadounidense reveló que, a partir de un banco de tres millones de cuentas falsas que replican contenido automáticamente, cada una vendida más de una vez, el portal ha logrado recaudar millones de dólares.

“En la actualidad las cuentas falsas que han sido creadas por gobiernos, delincuentes y empresarios infestan las redes sociales. Según algunos cálculos, hasta 48 millones de los usuarios activos de Twitter, casi el 15 %, son cuentas automatizadas diseñadas para simular ser personas reales, aunque la compañía afirma que ese número es mucho menor”, asegura The New York Times.

El uso de los bots se reduce al objetivo para el cual sean utilizados, que puede pasar casi que por cualquier ámbito de las sociedades de hoy en día. Su funcionamiento, en cambio, puede ser de tres distintos tipos: el primero es el bot programado, es decir, ese que publica mensajes cada cierto tiempo. Esto se hace con fórmulas poco complejas de programación. El segundo es el que vigila cuándo otras cuentas de Twitter realizan algún cambio. Este funciona bien cuando hay una noticia de último minuto y no en todos los casos es negativo. El último es que amplifica cierto mensaje, por lo que si una cuenta publica contenido, el bot sabe que tiene que retuitearlo o darle “me gusta”.

El propio Facebook, durante su evento F8 del año pasado, aseguró que había estado desactivando cuentas de origen ruso tratando de interferir en procesos electorales. El caso de Trinidad y Tobago, uno de los países en los que Cambridge Analytica estuvo presente durante unos comicios, refleja el potencial de este tipo de juego sucio. En un país donde convive la comunidad negra con la indígena, la compañía decidió implementar una campaña no política, sino reactiva, por lo que encontraron otro tipo de símbolos para separar a estas dos comunidades locales. Así, disfrazaron el movimiento “Do so” en un grupo de resistencia que no salió a votar, justamente lo que ellos querían.

Brittany Kaiser, exfuncionaria de Cambridge Analytica, aseguró en 2015 que intervendrían también en Reino Unido: “Trabajamos en la campaña del brexit. En Leave. UE haremos una investigación a gran escala en todo el país para comprender por qué a la gente le interesa permanecer o salir de la Unión Europea. Las respuestas fundamentarán nuestras políticas y comunicaciones para poder obtener más votantes nuevos, más votantes no registrados e indiferentes que otras veces”.

 

El Espectador

 

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