La generación de los Millennials, nativos digitales. – Carlos Escobar
Jóvenes en Latinoamérica expresan sus opiniones y denuncias por redes sociales. Los partidos políticos se plantean diferentes estrategias para ganar terreno en ese nuevo campo. La disputa por el voto joven se produce en internet. Y la batalla, por ahora, parece estar ganándola la derecha.
Casi la mitad de la población mundial tiene menos de 30 años. Y, específicamente en América Latina, los jóvenes representan 30% de la población. Para profundizar en sus comportamientos y en las estrategias que llevan a cabo los partidos políticos para capitalizar sus votos, tenemos que considerar que aquellos comprendidos entre los 18 y los 35 años, conocidos como la «Generación de los Millennials», se caracterizan por ser nativos digitales. La tecnología tiene un rol primordial en sus vidas a la hora de interactuar socialmente, de consumir y de manifestar sus opiniones. Inevitablemente, esta nueva manera de socializar afecta su manera de politizar. Se trata de una generación que se moldea a través de lo instantáneo y que, al mismo tiempo, parece tendiente a involucrarse con causas puntuales. Una generación que establece relaciones con los partidos y con estructuras orgánicas más laxas y equívocas.
En América Latina, ese carácter de «nativos digitales» debe ser matizado teniendo en cuenta la accesibilidad. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), «el número de hogares conectados a internet en la región creció en un 103% entre el año 2010 y el 2016 [pero] más de la mitad de los hogares siguen sin acceso a internet». Desde 2010, la diferencia sustancial en el acceso la hace la banda ancha móvil (BAM). Mientras que hasta ese momento la accesibilidad a la BAM era casi igual que la fija (6,5%), en 2016 la BAM llegó a 64% y la banda ancha fija (BAF), a 11%. A su vez, la última encuesta global de Telefónica demostró que 88 % de los millennials latinoamericanos tenía, ya en 2014, al menos un perfil activo, y 72% tenía un smartphone. De acuerdo con un gráfico reciente de Statista, 64 % de los jóvenes entre 18 y 24 años utilizan internet como su medio principal para informarse de la actualidad, mientras que solo 24% lo hace a través de la televisión; 6% utiliza los medios impresos y 5%, la radio.
Estamos ante un mundo que jerarquiza los datos, las estadísticas y la medición para la toma de cualquier decisión: hacer una radiografía de comportamientos sociales para luego manipular conductas y decisiones se vuelve una posibilidad viable. La vanguardia en la exploración y utilización de las nuevas herramientas en la política la desplegó Barack Obama en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2008. Como resultado, demostró la eficacia del uso de redes sociales como un factor importante para expandir mensajes y comunicarse con la ciudadanía de forma directa y dinámica, además de tejer redes entre sus propios seguidores para fortalecer al núcleo duro en en el que se basaban sus votos seguros. Mientras que el eje central en 2008 estaba enfocado en el uso de las redes sociales, en las elecciones de 2012 todo giró alrededor del big data, con el trabajo de un equipo multidisciplinario que analizó los datos demográficos, etarios, socioculturales y económicos de los probables electores de Obama con el fin de utilizar la microsegmentación. En la primera elección obtuvo 66% de los sufragios de los estadounidenses de 18 a 29 años, mientras que cuatro años después consiguió 60%.
Alerta para las izquierdas
Los partidos de derecha ven con mayor claridad las posibilidades que ofrecen las redes sociales como medio de llegada a los jóvenes y radican numerosos esfuerzos para sacarle el mayor provecho a esta herramienta. Incluso se mantienen muy atentos a las novedades, como trascendió hace poco cuando se supo que Marcos Peña, el jefe de gabinete de Macri, está intentando conseguir una función premium de WhatsApp (llamada Enterprise) de cara a las elecciones de 2019. En cambio, los sectores de izquierda, progresistas o nacional populares, en general llegan con retraso a disputar poder en este terreno. Y es que este campo de acción estaba muy desestimado, por lo que quedó librado a las iniciativas individuales de sus propios militantes. Una razón posible por la que la derecha absorbió más rápido este know how puede hallarse quizás en la mayor cercanía de sus cuadros con el mundo corporativo.