Una base de datos contiene transcripciones de todas las 31.082 interacciones que mi familia ha tenido con la asistente virtual Alexa. También me proporcionaron clips de audio de las grabaciones.

Las 48 solicitudes para tocar “Let It Go” muestran la obsesión de mi hija con “Frozen”, la película de Disney.

Otros pedidos musicales nocturnos al Echo de la habitación, podrían dar una pista sobre las actividades de los adultos.

Otro archivo revela 2.670 búsquedas de productos que he llevado a cabo dentro de esta tienda desde 2017.

Hay más de 60 columnas suplementarias para cada una, que contienen información como qué tipo de dispositivo estoy usando, en cuántos artículos hice clic y una serie de números que dan indicios sobre mi ubicación.

De hecho, una hoja de cálculo dispara un mensaje de advertencia indicando que es demasiado grande para mi software.

Ésta contiene detalles de las 83.657 interacciones que he tenido desde 2018, incluido el momento exacto del día en que realicé cada intervención.

Un documento asociado divide mis sesiones de lectura para cada libro electrónico, que llevan un registro de milisegundos.

Y así sigue.

Sucede que venden productos, pero son una compañía de datos”, dice James Thomson, uno de los ex ejecutivos entrevistados.

“Cada oportunidad para interactuar con un cliente es otra oportunidad para recolectar datos”.

El fundador de Amazon, Jeff Bezos, dice que es parte de su “obsesión por los clientes”. Dice que la primera prioridad de la firma es “descubrir lo que (los clientes) quieren, lo que es importante para ellos”.

Y lo matiza diciendo que Amazon no debe violar la confianza de la gente en el proceso.

Sin embargo, a medida que la compañía continúa creciendo y expandiéndose a nuevas actividades, ha habido pedidos tanto dentro como fuera de Amazon para trazar un límite en esta obsesión por los datos.

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